Hablamos de Ambrosio Maidana “El Chino” quien en su día formó parte de la famosa banda de ladrones que ejecutó a la perfección lo que a posteriori se llamó el robo del siglo, en la sede del Banco de Crédito e Inversiones en el Paseo Huérfanos (Santiago de Chile), con la particularidad de que finalmente Ambrosio no participó del robo ya que instantes antes de la ejecución sufrió un ataque de dudas que le llevó a abandonar la empresa cuando a punto estaban de empezar. Se echó atrás a las 8:15am, unos diez minutos antes de que Julio, Quiroga, Martina y Johnny tirasen abajo el último tabique, el que conectaba con el baño de empleados de la planta baja del banco. El taladro rugía y entre tanto polvo y tanta oscuridad y tanta necesidad, a Ambrosio le vino un ataque de ansiedad, pensó en negativo, se vio a sí mismo entre rejas, vio la cara de sus padres, la cara de sus hijos y su ex-mujer y tuvo que tirar el taladro el suelo. Ante los gritos de sus compañeros de crimen dio muy pocas explicaciones, ni siquiera las justas. El túnel le daba claustrofobia, dijo. Se encogió de hombros, se dejó zarandear, permitió que le abofetearan, y salió por donde había entrado.
Luego el atraco fue un éxito en toda regla. Se llevaron el dinero y todavía hoy siguen libres, en paradero desconocido (posiblemente en el trópico), disfrutando de una vida amortiguada por el lujo y el hastío.
Ambrosio se hizo famoso por la oportunidad perdida. A veces le contratan en bares donde cuenta la historia, donde habla de la mala suerte de haberse echado atrás, de lo que fue y lo que pudo haber sido, el divorcio de su familia por la falta de huevos (su padre le retiró la palabra), las canas extras producto del fracaso, un cierto tipo de acné pos-juvenil, terquedad, mala leche, anacronismos, falta de motivación hasta para levantarse de la cama, sensación de que todos días son iguales de malos, ausencia de substancia y mujeres con las que follar no ya en la intimidad sino en cualquier sitio. Ambrosio se pone delante del micrófono en el Bar Puebla y habla de un Chevrolet descapotable en el que había fijado sus intenciones para después del robo. Habla de ciertos trajes de marca, de una casa con vistas al mar, de un negocio de alquiler de tablas de surf, de una chica a la que le hubiese propuesto compartir fuga y botín a partes iguales… Habla como quien perdió el número de lotería que luego le tocó al vecino. No cuenta detalles de quienes fueron sus compañeros de banda, esa es la única estipulación. Hay quien dice que lo poco que tiene, con lo que come y se viste, proviene de esa banda en paradero desconocido quien le envía lo justo a cambio de que no largue nada.
Ambrosio está sólo pero eso no le impide dejarse caer por ciertos bares y contar lo que no fue.
I imagined people at breakfast, people who know each other intimately, probably a husband and a wife, speaking in unfinished sentences, in grunts, in coughs, as people do, particularly at that time of day. And I wondered what it would be like to sit down at that kind of dialogue, in which sentences are rarely completed and thoughts are rarely followed up and one person is not really listening closely to another. That’s all I had. And that’s when I began writing - Don Delillo
Sunday, 17 February 2013
Tuesday, 12 February 2013
CRIMENES ORTEGA
Subject: Crímenes Ortega
Hay quien dice que cuando Josefina Torres marcó por vez primera el número de teléfono de Crímenes Ortega con su BlackBerry Bold 9900, en realidad no necesitaba matar a nadie.
Corre el kilometro 175 de la autopista vasco-aragonesa AP-68, una vez se pasa la estación de servicio de Logroño, cuando a mano derecha, siempre y cuando se venga de Zaragoza, se levantan dos vallas publicitarias que escupen sus letras volcadas contra el asfalto. Un cartel anuncia rebajas en Supermercados Makro y el otro, Crímenes Ortega, sin más. Crímenes Ortega sin promociones ni precios especiales ni slogan que se preste.
Josefina Torres pasa con su nuevo Ford Kuga blanco camino de Bilbao y ve los carteles y se interesa por Crímenes Ortega. En el estéreo suena el Cigala cantando la de Cuba Linda. Los brazos estirados hacia el volante, las manos aferradas boca abajo, el esmalte rosa de las uñas falsas, contrastando. Josefina está gorda y lo sabe. Bailotea con los hombros al ritmo del piano de Bebo.
Josefina está gorda y lo sabe y sin embargo cuando ve el cartel de Crímenes Ortega algo pasa por su cabeza, algo tan relevante como para tener que frenar, desacelerar el paso. No le viene ninguno por detrás, por lo menos de momento, y Josefina frena lo que puede. Reduce la marcha y busca algo para apuntar el número de teléfono que aparece en el cartel. Como sabe que no le va a dar tiempo trata entonces de memorizarlo pero pasa de largo sin conseguirlo.
Josefina se sale en la siguiente salida de la autopista, en la 10, a la altura de Cenicero. El nombre del pueblo le hace pensar en tabaco y con la punta de las uñas atenaza la boquilla de un Marlboro Light que escasos segundos después humea manchado de carmín, asomado a sus labios. Para entonces la ventanilla ha descendido dos dedos. Se sale de la autopista no sin antes pagar el peaje. Antes de reanudar la marcha busca papel y boli. Se lo deja preparado y arranca retrocediendo en la marcha. Coge la nacional 232 camino de Fuenmayor a la altura del cual se podrá reincorporar a la autopista por la cual pasar otra vez delante del cartel. En Fuenmayor le da por parar y entrar a la farmacia de la que sale con una bolsa diminuta que luego mete en el bolso.
Ya dentro del coche se quita las enormes pero ajustadas gafas de sol y de su cara deja asomar un ojo morado que no ve nadie. Josefina está gorda, muy gorda, pero de cara es preciosa. Tiene 48 años recién cumplidos y siempre lleva algo de oro blanco encima.
Se mete en el carril lento y no pasa de los 60 cuando vuelve a desfilar por delante del cartel. Ha puesto los intermitentes de peligro, por si acaso, fingiendo avería.
El logo de Crímenes Ortega es CO2 (el 2 en pequeñito), como la fórmula química del anhídrido carbónico. Nadie sabe si esto se debe al hecho de que hagan uso del citado gas en su (casi siempre) impecable trabajo, o simplemente porque quienes dirigen el negocio son dos: Paco Ortega y su flamante nueva esposa.
En el cartel Josefina lee: Crímenes Ortega (CO2). Tel. 647.221.122 Email: co2@co2.es No aparece dirección postal. Cartel en negro sobre blanco y un dibujito que Josefina no alcanza a distinguir.
A Paco Ortega en esta vida se le podrán reprochar muchas cosas (cada día está más flaco), no saber llevar bien un negocio no es una de ellas. Él es poquita cosa, flaco, consumido, bajito y con un bigotillo fino y amarillo del humo negro del tabaco. Paco Ortega, orígenes colombianos pero más español y más hijo puta que la madre que lo parió, lleva Crímenes Ortega con el temple con el que se llevan las cosas finas y agudas, como se agarran los cristales rotos.
Crímenes Ortega es una PYME con todos papeles en regla y que declara a Hacienda hasta el último céntimo. Según Paco, el 90% del trabajo es administrativo, papeleo, yo no es lo que era. Ahora sacan más tajada con los extras, eso sí, pero la cosa ya no es lo que era, dice si se le pregunta. Seguridad y riesgos en el trabajo, higiene, regulaciones… Antes el cliente elegía si deshacerse del cadáver por cuenta propia, eso abarataba las cosas, ahora ya no, ahora se tiene que subcontratar, tampoco la misma empresa que mata lo puede hacer, estipulación de ley, control preventivo, cruce de intereses. Ahora un cliente tiene que contratar a una empresa que mate al cabrito y a otra para que se deshaga del bulto. Las dos empresas no pueden tener nexos que las unan. Papeleo, sobre todo papeleo y esperar a que fulano de tal o cual dé luz verde desde Madrid para que el asesinato se pueda llevar adelante y uno haga caja con que pagar la hipoteca.
Paco Ortega se casó no hace mucho con una niñata veintitantos años menor, de nombre Francisquilla, alta y verdulera, hecha de carne y fibra, y que ya se hace mandar en el negocio lo mismo que Paco. El matrimonio Ortega no usa coche. Tienen una furgoneta convertida en minibús que pertenecía a un primo de Paco que se tuvo que volver a Colombia. Antes de zarpar les dejó el minibús y luego Paco y su mujer se acostumbraron al bicho y así sin darse cuenta fueron dejando de lado el coche. Van siempre en el minibús que excepto por los asientos de delante, el del conductor y acompañante, va siempre vacío. Por no llevar no llevan ni trastos.
Josefina Torres vive donde ha vivido siempre la gente de bien de Bilbao, un tercero de la Calle Elcano. Tiene un tresillo estampado de rosas amarillas junto al ventanal que da al paseo por donde pasan los coches y llueve y la gente vive el bofeteo del tiempo, el aquí y el ahora. No bebe Pacharán porque le recuerda a cierto hombre del que no quiere acordarse. Son las seis y media de la tarde y lleva los pantalones del pijama puestos y fuma en perpendicular a la ventana sujetando lo que parece una copa de anís, algo con lo que pasar el mal trago que le producen ciertas horas del día.
Cuando Josefina llamó al 647.221.122, lo primero que preguntó fue: "Esto no es Crímenes Ortega, ¿verdad?". A lo que Paco Ortega respondió: "No me toques los cojones, Josefina".
Hay quien dice que cuando Josefina Torres marcó por vez primera el número de teléfono de Crímenes Ortega con su BlackBerry Bold 9900, en realidad no necesitaba matar a nadie.
Corre el kilometro 175 de la autopista vasco-aragonesa AP-68, una vez se pasa la estación de servicio de Logroño, cuando a mano derecha, siempre y cuando se venga de Zaragoza, se levantan dos vallas publicitarias que escupen sus letras volcadas contra el asfalto. Un cartel anuncia rebajas en Supermercados Makro y el otro, Crímenes Ortega, sin más. Crímenes Ortega sin promociones ni precios especiales ni slogan que se preste.
Josefina Torres pasa con su nuevo Ford Kuga blanco camino de Bilbao y ve los carteles y se interesa por Crímenes Ortega. En el estéreo suena el Cigala cantando la de Cuba Linda. Los brazos estirados hacia el volante, las manos aferradas boca abajo, el esmalte rosa de las uñas falsas, contrastando. Josefina está gorda y lo sabe. Bailotea con los hombros al ritmo del piano de Bebo.
Josefina está gorda y lo sabe y sin embargo cuando ve el cartel de Crímenes Ortega algo pasa por su cabeza, algo tan relevante como para tener que frenar, desacelerar el paso. No le viene ninguno por detrás, por lo menos de momento, y Josefina frena lo que puede. Reduce la marcha y busca algo para apuntar el número de teléfono que aparece en el cartel. Como sabe que no le va a dar tiempo trata entonces de memorizarlo pero pasa de largo sin conseguirlo.
Josefina se sale en la siguiente salida de la autopista, en la 10, a la altura de Cenicero. El nombre del pueblo le hace pensar en tabaco y con la punta de las uñas atenaza la boquilla de un Marlboro Light que escasos segundos después humea manchado de carmín, asomado a sus labios. Para entonces la ventanilla ha descendido dos dedos. Se sale de la autopista no sin antes pagar el peaje. Antes de reanudar la marcha busca papel y boli. Se lo deja preparado y arranca retrocediendo en la marcha. Coge la nacional 232 camino de Fuenmayor a la altura del cual se podrá reincorporar a la autopista por la cual pasar otra vez delante del cartel. En Fuenmayor le da por parar y entrar a la farmacia de la que sale con una bolsa diminuta que luego mete en el bolso.
Ya dentro del coche se quita las enormes pero ajustadas gafas de sol y de su cara deja asomar un ojo morado que no ve nadie. Josefina está gorda, muy gorda, pero de cara es preciosa. Tiene 48 años recién cumplidos y siempre lleva algo de oro blanco encima.
Se mete en el carril lento y no pasa de los 60 cuando vuelve a desfilar por delante del cartel. Ha puesto los intermitentes de peligro, por si acaso, fingiendo avería.
El logo de Crímenes Ortega es CO2 (el 2 en pequeñito), como la fórmula química del anhídrido carbónico. Nadie sabe si esto se debe al hecho de que hagan uso del citado gas en su (casi siempre) impecable trabajo, o simplemente porque quienes dirigen el negocio son dos: Paco Ortega y su flamante nueva esposa.
En el cartel Josefina lee: Crímenes Ortega (CO2). Tel. 647.221.122 Email: co2@co2.es No aparece dirección postal. Cartel en negro sobre blanco y un dibujito que Josefina no alcanza a distinguir.
A Paco Ortega en esta vida se le podrán reprochar muchas cosas (cada día está más flaco), no saber llevar bien un negocio no es una de ellas. Él es poquita cosa, flaco, consumido, bajito y con un bigotillo fino y amarillo del humo negro del tabaco. Paco Ortega, orígenes colombianos pero más español y más hijo puta que la madre que lo parió, lleva Crímenes Ortega con el temple con el que se llevan las cosas finas y agudas, como se agarran los cristales rotos.
Crímenes Ortega es una PYME con todos papeles en regla y que declara a Hacienda hasta el último céntimo. Según Paco, el 90% del trabajo es administrativo, papeleo, yo no es lo que era. Ahora sacan más tajada con los extras, eso sí, pero la cosa ya no es lo que era, dice si se le pregunta. Seguridad y riesgos en el trabajo, higiene, regulaciones… Antes el cliente elegía si deshacerse del cadáver por cuenta propia, eso abarataba las cosas, ahora ya no, ahora se tiene que subcontratar, tampoco la misma empresa que mata lo puede hacer, estipulación de ley, control preventivo, cruce de intereses. Ahora un cliente tiene que contratar a una empresa que mate al cabrito y a otra para que se deshaga del bulto. Las dos empresas no pueden tener nexos que las unan. Papeleo, sobre todo papeleo y esperar a que fulano de tal o cual dé luz verde desde Madrid para que el asesinato se pueda llevar adelante y uno haga caja con que pagar la hipoteca.
Paco Ortega se casó no hace mucho con una niñata veintitantos años menor, de nombre Francisquilla, alta y verdulera, hecha de carne y fibra, y que ya se hace mandar en el negocio lo mismo que Paco. El matrimonio Ortega no usa coche. Tienen una furgoneta convertida en minibús que pertenecía a un primo de Paco que se tuvo que volver a Colombia. Antes de zarpar les dejó el minibús y luego Paco y su mujer se acostumbraron al bicho y así sin darse cuenta fueron dejando de lado el coche. Van siempre en el minibús que excepto por los asientos de delante, el del conductor y acompañante, va siempre vacío. Por no llevar no llevan ni trastos.
Josefina Torres vive donde ha vivido siempre la gente de bien de Bilbao, un tercero de la Calle Elcano. Tiene un tresillo estampado de rosas amarillas junto al ventanal que da al paseo por donde pasan los coches y llueve y la gente vive el bofeteo del tiempo, el aquí y el ahora. No bebe Pacharán porque le recuerda a cierto hombre del que no quiere acordarse. Son las seis y media de la tarde y lleva los pantalones del pijama puestos y fuma en perpendicular a la ventana sujetando lo que parece una copa de anís, algo con lo que pasar el mal trago que le producen ciertas horas del día.
Cuando Josefina llamó al 647.221.122, lo primero que preguntó fue: "Esto no es Crímenes Ortega, ¿verdad?". A lo que Paco Ortega respondió: "No me toques los cojones, Josefina".
Tuesday, 22 January 2013
JACINTO A VECES (SANTIAGO)
Santiago de Chile está situado a pie de los Andes. A veces, ya sea invierno o verano, el frio se mete por el cristal del piso y Jacinto y yo nos tenemos que cambiar de habitación y pasar a la cocina donde por algún motivo que todavía no hemos podido descifrar, hace bastante menos frío. Jacinto me ha dicho en más de una ocasión que las montañas al igual que el mar, son muy traicioneras y que por eso ellos los chilenos son gente bastante desconfiada, por vivir entre la espada y la pared. Nos metemos en la cocina, ponemos la cafetera y mientras el agua sube nos bebemos una copa de ponche de Culén. A veces le pregunto por algo que acabo de escribir para ver si tiene sentido o no, si sobra o falta, y Jacinto da un manotazo al aire queriendo decir que no le moleste porque está leyendo algo importante. Cuando termina me recrimina lo poco o nada que he leído en la vida. Yo le contesto que lo mío son las maquinas y la herramienta y el entender de mecánica.
Hay un barrio al que Jacinto le llama el Santiago de Chile Palacial, o el Palacial a secas. Vámonos a dar una vuelta por el Palacial, me dice de vez en cuando, sobre todo a esa hora en la que ya no es mediodía pero tampoco tarde, las tres y media o así, y nos ponemos las chaquetas y bajamos al barrio Palacial que de Palacial tiene bien poco. Ni siquiera de barrio tiene nada. No es un barrio ni un área ni un distrito, es una zona indefinida. Diez o doce calles, un par de manzanas, una plaza. A veces el barrio Palacial crece o decrece según el criterio de Jacinto. Los amigos de Jacinto también le llaman el Palacial.
Había otro barrio que tampoco terminaba de ser barrio, la calle Escolapios, Miradores, el Socorro, la plaza Mulato Gil de Castro y poco más, al que le llamaba el Barrio Condena. Aquella era zona que relacionaba con hechos oscuros. Ahora ya no se dejaba caer por allí pero antes lo había hecho con frecuencia. Cuando preguntado sobre el significado de esos “hechos oscuros”, me dijo que cosa de drogas. Dijo cosa-de-drogas negando un poco con la cabeza como queriendo decir que no quería explicar más, o que por mi bien no me interesaba saber más, así que no pregunté más. Luego Jacinto se iba al baño a mear y yo me quedaba pensando sobre eso de las drogas. Volvía del baño, cenábamos salchichas Frankfurt con pan y tomate, me daba las gracias por la cena y se metía en su habitación. Yo se suponía que me tenía quedar en el cuarto escribiendo el relato, ese era el trato, pero algunas veces me quedaba pensando en lo de las drogas y no podía escribir. Me preguntaba si el cosa-de-drogas se refería a que tomaba drogas, vendía drogas, compraba… o si se refería a algún problema relacionado con las drogas, alguna pelea, algún tiroteo, alguna muerte… Tampoco supe nunca el tipo de drogas. Drogas las hay en abundancia, el café y el tabaco sin ir más lejos.
De vez en cuando Jacinto sale de su cuarto al poco de haber entrado y si me ve sin estar escribiendo me echa la bronca y luego me pregunta si me importa que se siente en el sillón y ponga el toca discos del cuarto de estar ya que el de su habitación no se le puede llamar tocadiscos y a él, pues eso, le gusta oír música como dios manda. Sin que yo diga palabra pone un disco de Jaime Perucha y se sirve una copa bien cargada de ponche de Culén. Al poco me ofrece a mí una (el ponche es mío) y luego según se de la noche saca pastillas Petramax y luego uno es imposible que recuerde nada.
Las canciones de Jaime Perucha me recuerdan a un tía que tuve o tenía que siempre fue un poco extravagante o al menos eso decían cuando se casó con un hombre rico mucho mayor que ella y que falleció al poco del bodorrio dejándole a mi tía parte de la fortuna la cual dilapidó a marchas forzadas a base de hospedarse durante meses en el Gran Hotel de Zaragoza. Cada vez que sus hermanas, entre ellas mi madre, la reñían por el despilfarro sobre todo con la falta que hacía el dinero, ella les llamaba catetas y cortas de vista pues lo que ellas percibían como un despilfarro para ella no era sino una inversión, una forma de poder conocer a otro hombre rico que la quisiera algo más allá de sus caderas.
Jacinto me dice que le hubiese gustado haber conocido a aquella tía mía aunque hubiese sido sólo por la conversación (no sé exactamente a qué se refiere cuando dice esto). Luego se levanta del sillón, desaparece del cuarto, vuelve al rato, se vuelve a sentar.
Cambiando de tema, me dice, se acuerda de cuando me encontró por vez primera en Santiago, tirado en plena calle, con aquel ataque de locura que me dio, atado con una liza a la farola de enfrente de la pensión, allí en la calle, con pinta de tener la camisa despechada pero teniéndola abotonada. Se acuerda de semejante estampa y se le viene a la cabeza Don Quijote, el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Y ahora que lo piensa, me dice rellenándose la copa con más ponche de Culén, ahora que lo piensa, este relato que ahora mismo escribo bien pudiera ser el Quijote en la Indias, una especie de segunda parte (o tercera si se tiene en cuenta el Quijote apócrifo) de la gran novela.
Cuando le digo que el disco ese de Jaime Perucha me recuerda a mi tía la extravagante me dice que a él le recuerda otra cosa, le recuerda a una niña de su barrio que no estaba bien de la cabeza y a la que su madre le ponía discos de Jaime Perucha cuando la sentaba en el patio mientras ella fregaba la casa. Y por asociación, me dice, le recuerda lo de las apariciones. La chica tenía algo en la cabeza, era retardada, no hablaba casi y los ojos se le iban. No la llevaban al colegio. Jacinto dice que cuando escucha a Jaime Perucha se acuerda de aquellas apariciones que la niña decía que veía, en la casa, unas apariciones que nadie, salvo la niña, veía, y que asustaron mucho al vecindario.
¿Qué apariciones?
Su padre, su padre quien llevaba enterrao desde después de nacer ella
¿Estaba muerto?
De un infarto. Se enteró de algo justo después del parto, algo que nadie supo hasta mucho más tarde, y del shock le dio un infarto y lo tuvieron que enterrar un par de días después
Las que se morían antes en los partos eran las madres
No los padres
Sí
Saca otra botella, anda, que yo cambiaré de disco
¿Y se le aparecía el espíritu de su padre?
Me fui a sacar otra botella y Jacinto no cambió de disco sino que le dio la vuelta al de Jacinto Perucha pues la historia de la niña y las apariciones requería de la música de Jaime Perucha ya que iban unidos.
El disco le recordaba a la niña y por asociación al escándalo de las apariciones. La niña de cuando en cuando veía apariciones. Se echaba a llorar y cuando su madre le preguntaba ella decía que se le había aparecido su padre. La madre a veces le pegaba porque eso era imposible. Pasaban los días y la niña volvía a sufrir un sofocón porque según ella se le había vuelto a aparecer su padre. ¿Dónde? Allí, señalaba ella. Y luego volvía a pasar y la niña se volvía a ganar una somanta de palos. Hasta que un día y en presencia de una vecina, la aparición del fantasma paternal se hizo visible no sólo a la niña sino también a una vecina. Y el fantasma en sí no resultó ser ningún fantasma sino un hombre de carne y hueso que atendía al nombre de Ernesto Seral y que a la postre era en realidad el padre de la niña. El supuesto padre de la niña, el otro, el que murió justo al nacer ella, se reveló después que sufrió el infarto porque nada más nacer la niña su mujer le dijo que la niña no era suya sino de su compañero de trabajo Ernesto.
El disco de Jaime Perucha a Jacinto le recuerda lo de las apariciones.
Hay un barrio al que Jacinto le llama el Santiago de Chile Palacial, o el Palacial a secas. Vámonos a dar una vuelta por el Palacial, me dice de vez en cuando, sobre todo a esa hora en la que ya no es mediodía pero tampoco tarde, las tres y media o así, y nos ponemos las chaquetas y bajamos al barrio Palacial que de Palacial tiene bien poco. Ni siquiera de barrio tiene nada. No es un barrio ni un área ni un distrito, es una zona indefinida. Diez o doce calles, un par de manzanas, una plaza. A veces el barrio Palacial crece o decrece según el criterio de Jacinto. Los amigos de Jacinto también le llaman el Palacial.
Había otro barrio que tampoco terminaba de ser barrio, la calle Escolapios, Miradores, el Socorro, la plaza Mulato Gil de Castro y poco más, al que le llamaba el Barrio Condena. Aquella era zona que relacionaba con hechos oscuros. Ahora ya no se dejaba caer por allí pero antes lo había hecho con frecuencia. Cuando preguntado sobre el significado de esos “hechos oscuros”, me dijo que cosa de drogas. Dijo cosa-de-drogas negando un poco con la cabeza como queriendo decir que no quería explicar más, o que por mi bien no me interesaba saber más, así que no pregunté más. Luego Jacinto se iba al baño a mear y yo me quedaba pensando sobre eso de las drogas. Volvía del baño, cenábamos salchichas Frankfurt con pan y tomate, me daba las gracias por la cena y se metía en su habitación. Yo se suponía que me tenía quedar en el cuarto escribiendo el relato, ese era el trato, pero algunas veces me quedaba pensando en lo de las drogas y no podía escribir. Me preguntaba si el cosa-de-drogas se refería a que tomaba drogas, vendía drogas, compraba… o si se refería a algún problema relacionado con las drogas, alguna pelea, algún tiroteo, alguna muerte… Tampoco supe nunca el tipo de drogas. Drogas las hay en abundancia, el café y el tabaco sin ir más lejos.
De vez en cuando Jacinto sale de su cuarto al poco de haber entrado y si me ve sin estar escribiendo me echa la bronca y luego me pregunta si me importa que se siente en el sillón y ponga el toca discos del cuarto de estar ya que el de su habitación no se le puede llamar tocadiscos y a él, pues eso, le gusta oír música como dios manda. Sin que yo diga palabra pone un disco de Jaime Perucha y se sirve una copa bien cargada de ponche de Culén. Al poco me ofrece a mí una (el ponche es mío) y luego según se de la noche saca pastillas Petramax y luego uno es imposible que recuerde nada.
Las canciones de Jaime Perucha me recuerdan a un tía que tuve o tenía que siempre fue un poco extravagante o al menos eso decían cuando se casó con un hombre rico mucho mayor que ella y que falleció al poco del bodorrio dejándole a mi tía parte de la fortuna la cual dilapidó a marchas forzadas a base de hospedarse durante meses en el Gran Hotel de Zaragoza. Cada vez que sus hermanas, entre ellas mi madre, la reñían por el despilfarro sobre todo con la falta que hacía el dinero, ella les llamaba catetas y cortas de vista pues lo que ellas percibían como un despilfarro para ella no era sino una inversión, una forma de poder conocer a otro hombre rico que la quisiera algo más allá de sus caderas.
Jacinto me dice que le hubiese gustado haber conocido a aquella tía mía aunque hubiese sido sólo por la conversación (no sé exactamente a qué se refiere cuando dice esto). Luego se levanta del sillón, desaparece del cuarto, vuelve al rato, se vuelve a sentar.
Cambiando de tema, me dice, se acuerda de cuando me encontró por vez primera en Santiago, tirado en plena calle, con aquel ataque de locura que me dio, atado con una liza a la farola de enfrente de la pensión, allí en la calle, con pinta de tener la camisa despechada pero teniéndola abotonada. Se acuerda de semejante estampa y se le viene a la cabeza Don Quijote, el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Y ahora que lo piensa, me dice rellenándose la copa con más ponche de Culén, ahora que lo piensa, este relato que ahora mismo escribo bien pudiera ser el Quijote en la Indias, una especie de segunda parte (o tercera si se tiene en cuenta el Quijote apócrifo) de la gran novela.
Cuando le digo que el disco ese de Jaime Perucha me recuerda a mi tía la extravagante me dice que a él le recuerda otra cosa, le recuerda a una niña de su barrio que no estaba bien de la cabeza y a la que su madre le ponía discos de Jaime Perucha cuando la sentaba en el patio mientras ella fregaba la casa. Y por asociación, me dice, le recuerda lo de las apariciones. La chica tenía algo en la cabeza, era retardada, no hablaba casi y los ojos se le iban. No la llevaban al colegio. Jacinto dice que cuando escucha a Jaime Perucha se acuerda de aquellas apariciones que la niña decía que veía, en la casa, unas apariciones que nadie, salvo la niña, veía, y que asustaron mucho al vecindario.
¿Qué apariciones?
Su padre, su padre quien llevaba enterrao desde después de nacer ella
¿Estaba muerto?
De un infarto. Se enteró de algo justo después del parto, algo que nadie supo hasta mucho más tarde, y del shock le dio un infarto y lo tuvieron que enterrar un par de días después
Las que se morían antes en los partos eran las madres
No los padres
Sí
Saca otra botella, anda, que yo cambiaré de disco
¿Y se le aparecía el espíritu de su padre?
Me fui a sacar otra botella y Jacinto no cambió de disco sino que le dio la vuelta al de Jacinto Perucha pues la historia de la niña y las apariciones requería de la música de Jaime Perucha ya que iban unidos.
El disco le recordaba a la niña y por asociación al escándalo de las apariciones. La niña de cuando en cuando veía apariciones. Se echaba a llorar y cuando su madre le preguntaba ella decía que se le había aparecido su padre. La madre a veces le pegaba porque eso era imposible. Pasaban los días y la niña volvía a sufrir un sofocón porque según ella se le había vuelto a aparecer su padre. ¿Dónde? Allí, señalaba ella. Y luego volvía a pasar y la niña se volvía a ganar una somanta de palos. Hasta que un día y en presencia de una vecina, la aparición del fantasma paternal se hizo visible no sólo a la niña sino también a una vecina. Y el fantasma en sí no resultó ser ningún fantasma sino un hombre de carne y hueso que atendía al nombre de Ernesto Seral y que a la postre era en realidad el padre de la niña. El supuesto padre de la niña, el otro, el que murió justo al nacer ella, se reveló después que sufrió el infarto porque nada más nacer la niña su mujer le dijo que la niña no era suya sino de su compañero de trabajo Ernesto.
El disco de Jaime Perucha a Jacinto le recuerda lo de las apariciones.
Friday, 7 December 2012
DICTADURA
Salchichas de Pollo Inc es una dictadura, sí, pero de las buenas. Una dictadura con mucho arte
Thursday, 6 December 2012
JULIO IGLESIAS Y EL CINE
Ya no se hacen películas como las de antes. Y sino pregúntenmelo a mí que sigo sin haber visto película alguna capaz de trascender y transmitir tantas emociones como lo hizo en su día “La vida sigue igual” con Julio Iglesias como protagonista. La película narra el calvario que sufrió Julio, cuando jugaba de portero en el Real Madrid, al sufrir una lesión producto de un accidente de tráfico que le obligó a retirarse de los terrenos de juego de por vida. Julio iba conduciendo de manera errática su mini rojo, matrícula M-741772 (con Andrés Pajares de copiloto), cuando se salieron de la carretera tras perder control del coche y terminaron volcando a escasos centímetros de un pino que no llegaron a tocar. El significado del accidente en sí, es realmente lo que trasciende, lo que importa, lo que me quita el sueño de vez en cuando, lo que me inspira miedo y terror cuando salgo a la calle. Es cierto que durante su convalecencia Julio se aburre y al aburrirse mira a su derecha donde ve una guitarra que de pura inercia agarra y se pone a cantar y lo demás es bien sabido. Pero Julio quería ser portero del Madrid, no cantante. Y ahí radica el drama. Y sobre todo en que la gente lo considere un hombre afortunado por todo lo que ha conseguido en el mundo de la canción, por sus mujeres, su familia, cuando en realidad no lo es, ni mucho menos. Todavía le veo romperse por dentro cuando subido a un escenario pone cara de estar contento, ninguneando sus sentimientos como si el paso del tiempo sirviese de algo
Wednesday, 5 December 2012
SUZANNE
Hay veces que en el edificio principal de Salchichas de Pollo Inc, en el Sant Enrique Boulevard, enlace de la 48 con Green Valley Street, nos da por poner la canción de Leonard Cohen “Suzanne” a través del hilo musical que recorre todo el edificio, las 39 plantas de bloque incluyendo los bajos y la cocina y los cuartos de mantenimiento, la sala de maquinas donde están las calderas, incluso ahí se puede escuchar con nitidez la voz de Leonard Cohen cantando Suzanne, embriagando el silencio con palabras que dan bandazos y que mecen y azotan por igual. Y el hombre de la caldera escucha la canción y se queda pensativo y recapitula sobre su vida. Se acuerda de esa novia que tuvo con catorce años, la misma novia que todos tuvimos con catorce años el verano aquel que no fuimos a la playa. Ponemos Suzanne por el hilo musical del edificio que tenemos entre la 48 y Green Street Valley, y tanto nos emociona y tanto nos pesa que a punto estamos de reunir al consejo de administración con carácter de urgencia para declarar de forma oficial que esa canción y ninguna otra es la canción elegida por la sociedad. Estamos a punto de firmar actas y estatutos, ponerle sello a la afirmación, darle nombres y apellidos a la elección de Suzanne como himno favorito y canción bandera. Estamos a punto de apostar por ella, de declararnos finalmente de un bando, cuando justo en ese momento, instantes antes de que todo eso se produzca, una luz divina se nos incrusta entre los dientes y nos hace ver que precisamente eso, la elección, el partidismo, son las mismas premisas que esta bendita entidad tanto detesta y denuncia y pelea contra. Nos viene una luz justo en mitad de la canción y entonces hace falta llamar a Antonio a gritos para que pare de inmediato el hilo musical y así vuelva el silencio y se entierre la voz de Leonard Cohen cantando Suzanne takes you down to her place near the river, you can hear the boats go by, you can spend the night beside her, and you know that she's half crazy, but that's why you want to be there
Y SIN EMBARGOS
De donde se alquilan “y sin embargos”. Se alquilan por horas, por días, por frases o por tipo de comunicación. Si es un “y sin embargo” para usar contra un novio o una novia, entonces se piden depósitos y se exige firmar pólizas de seguros con daños a terceros y clausulas de indemnización
SALCHICHAS DE POLLO WEEKEND
En Salchichas de Pollo tenemos la total convicción de que cuando alguien dice la frase; “Para bien o para mal”, en realidad está diciendo; “Para mal”
Tuesday, 4 December 2012
LA COMUNIDAD
En Salchichas De Pollo detestamos a cualquier persona que hable o se refiera con cariño a “la comunidad”. Gente que trabaje por el bien de “la comunidad” no serán nunca bienvenidos a esta casa. Tampoco es que nos hagan mucha gracia los profesores, cualquier tipo de profesor. No necesitamos que nadie nos inspire, gracias
EL ABRAZO DEL CANTÁBRICO
Donde dos personas intentan abrazarse al Cantábrico como si éste fuera sólo un mar y no una danza de buitres. Un tipo que se llama Jacinto (de nacimiento), que nunca ha ganado la lotería y que comparte piso con un ecuatoriano de apellido Quiñones y también con la ex novia de ambos. Es por culpa de la ex novia de ambos, precisamente, por la que Jacinto y el señor Quiñones deciden que ya no pueden más con el día a día, que ya no encuentran placeres ni en las pequeñas ni en las grandes cosas que ofrece la vida, y es por ello que abrazarse al Cantábrico les parece la opción menos mala. La ex novia de ambos, que también es ex novia de otros muchos, trata de disuadirlos a base de tartas de manzana, paseos por el parque, permisión de toqueteo de tetas y desnudos semi integrales. Ella necesita de ellos para calentarse el estómago y para sentirse guapa. El señor Quiñones, antes de abrazarse al Cantábrico, recuerda a su ex mujer, a sus hijos, los años en Babahoyo, el perfume de aquella tierra, los amigos y todas las cosas buenas. No recuerda la traición ni la humillación a la que fue sometido. Tampoco recuerda el accidente ni la navaja ni la manera con la que su ex mujer se desangró entre sus brazos. Lo que en cambio sí recuerda es el puesto que ocupaba de notario en la calle General Eloy Alfaro. Jacinto por su parte, no recuerda gran cosa. A punto de abrazarse al Cantábrico se deja manosear por el frío y el salitre. Se deja menospreciar por el sonido de las olas, por las calles de espuma, por las gargantas afónicas. La ex novia de ambos se da por vencida y los deja abrazarse al Cantábrico. Se pasea por el cuarto, fuma más de lo que come, se mordisquea las uñas, se baja al bar de abajo donde se deja querer negociando con su cuerpo como si fuera contrabando
Monday, 3 December 2012
Diario de Sebastián Montejano - 19/08/1991
16 de agosto 1991
Un chico llamado Jacinto Belano, poeta, hermano de un tal Arturo Belano quien fue muy famoso porque salió en un libro que se llamaba Los Detectives Salvajes. Jacinto Belano era poeta pero no pertenecía al grupo de los real visceralistas como lo había hecho su hermano Arturo en el famoso libro. Jacinto había creado su propio movimiento poético, los antinaturalistas. Yo de poesía no sabía nada. Por no saber casi no sabía ni leer ni escribir. Jacinto me recogió de la calle el día en que me había esposado a la farola que había en frente de la pensión donde me había alojado. En el momento de querer esposarme a la farola, por amor, como no tuve esposas sólo pude atarme con una liza. Para entonces la señora Adriana Morales Liso, madre de la chica de la cual me había enamorado perdidamente, había llamado a la policía. Jacinto me encontró allí arrodillado y se preocupó por mi situación. Me convenció de huir antes de que llegase la policía. Me dijo que el hecho de haberme declarado en rebeldía abandonando mujer, país e hijos, por una chica de 16 años con la cual ni siquiera había mantenido una conversación, tal vez fuese resultado de lo que él y su grupo de poesía antinaturalista llamaban, un enamoramiento anímico, que no sentimental
Un chico llamado Jacinto Belano, poeta, hermano de un tal Arturo Belano quien fue muy famoso porque salió en un libro que se llamaba Los Detectives Salvajes. Jacinto Belano era poeta pero no pertenecía al grupo de los real visceralistas como lo había hecho su hermano Arturo en el famoso libro. Jacinto había creado su propio movimiento poético, los antinaturalistas. Yo de poesía no sabía nada. Por no saber casi no sabía ni leer ni escribir. Jacinto me recogió de la calle el día en que me había esposado a la farola que había en frente de la pensión donde me había alojado. En el momento de querer esposarme a la farola, por amor, como no tuve esposas sólo pude atarme con una liza. Para entonces la señora Adriana Morales Liso, madre de la chica de la cual me había enamorado perdidamente, había llamado a la policía. Jacinto me encontró allí arrodillado y se preocupó por mi situación. Me convenció de huir antes de que llegase la policía. Me dijo que el hecho de haberme declarado en rebeldía abandonando mujer, país e hijos, por una chica de 16 años con la cual ni siquiera había mantenido una conversación, tal vez fuese resultado de lo que él y su grupo de poesía antinaturalista llamaban, un enamoramiento anímico, que no sentimental
SEBASTIÁN MONTEJANO (Ponerle apodo a un muerto)
En Salchichas de Pollo nos preguntamos, ¿se le puede poner apodo a un muerto? Esto es, un apodo nuevo, un apodo que tal vez nada tenga que ver con lo que esa persona fue en vida. ¿Se le puede poner apodo a un muerto que ni siquiera fue famoso?
Un tipo llamado Sebastián Montejano que en vida fue operario de un taller de suspensiones en Burgos. Trabajaba en Burgos pero no vivía en Burgos-Burgos. Vivía en una casa alquilada en Padernales. Este hombre tenía mujer y tres hijos. Era hombre de padre nuestro, de santiguarse antes y después de acostarse, de periódico los domingos, transistor a pilas y colonia en el pelo. Este hombre recibió un premio por parte de su jefe. Un viaje a Chile para una semana. La empresa o taller de suspensiones donde Sebastián trabajaba, tenía negocios en Chile. El jefe había sacado billete para visitar a un cliente en Santiago de Chile pero por cosas del destino le resultó imposible acudir (asuntos personales de gravedad). Iberia no tenía forma de cancelar el billete ni de rembolsar el importe. De ahí a que el jefe decidiera darle el billete a Sebastián como regalo por una trayectoria impecable en la empresa
Sebastián Montejano había ido a Madrid una vez en la vida. Aparte de aquella visita a Madrid no había salido jamás de casa. Al principio dijo que no, que mil gracias pero que no. Le venía justo para leer. Era un hombre campechano, casado, con hijos, ¿dónde iba a ir un cateto como él a Chile?, no, haría la risa, no. En caliente le dijo a su jefe que no sabía lo mucho que le agradecía semejante gesto pero que le iría mejor si le diese el billete a alguien que lo pudiera disfrutar más, Alejandro de administración, por ejemplo
Tras haber hablado con su mujer y haber estudiado la proposición con perspectiva y mejores ojos, Sebastián se presentó en la oficina al día siguiente para decirle a su jefe que se lo había pensado mejor y que de buena gana aceptaba el regalo. El avión salía en 5 días. La mujer de Sebastián le metió catorce bocadillos en la maleta y le prometió que le rezaría cuatro ave marías cada día
Lo que ocurrió en Chile es difícil de contar. Sebastián, a quien le venía justo para leer y sólo tenía maneras pueblerinas, se enamoró enloquecidamente de la hija de la mujer que regentaba la pensión en la que se hospedó durante el viaje, y loco de amor se declaró en rebeldía, se negó a volver a España, y juró amor eterno a la hija de la dueña quien solo tenía 16 años (2 años menor que la propia hija de Sebastián). Esta chica, de más está decir, no le correspondió. La madre de la chica lo denunció a la policía
Años más tarde Sebastián murió como muere todo el mundo. ¿Se le puede poner apodo a un muerto como Sebastián?
Envíennos posibles apodos para Sebastián Montejano y todo aquel que pase la primera criba entrará a formar parte del sorteo de un viaje a Chile. Será un viaje para dos personas que incluirá hotel en régimen de pensión completa, trasbordos al aeropuerto y una visita guiada al barrio de Quinta Normal, lugar donde se ubicó la pensión donde se alojó en su día Sebastián Montejano
Un tipo llamado Sebastián Montejano que en vida fue operario de un taller de suspensiones en Burgos. Trabajaba en Burgos pero no vivía en Burgos-Burgos. Vivía en una casa alquilada en Padernales. Este hombre tenía mujer y tres hijos. Era hombre de padre nuestro, de santiguarse antes y después de acostarse, de periódico los domingos, transistor a pilas y colonia en el pelo. Este hombre recibió un premio por parte de su jefe. Un viaje a Chile para una semana. La empresa o taller de suspensiones donde Sebastián trabajaba, tenía negocios en Chile. El jefe había sacado billete para visitar a un cliente en Santiago de Chile pero por cosas del destino le resultó imposible acudir (asuntos personales de gravedad). Iberia no tenía forma de cancelar el billete ni de rembolsar el importe. De ahí a que el jefe decidiera darle el billete a Sebastián como regalo por una trayectoria impecable en la empresa
Sebastián Montejano había ido a Madrid una vez en la vida. Aparte de aquella visita a Madrid no había salido jamás de casa. Al principio dijo que no, que mil gracias pero que no. Le venía justo para leer. Era un hombre campechano, casado, con hijos, ¿dónde iba a ir un cateto como él a Chile?, no, haría la risa, no. En caliente le dijo a su jefe que no sabía lo mucho que le agradecía semejante gesto pero que le iría mejor si le diese el billete a alguien que lo pudiera disfrutar más, Alejandro de administración, por ejemplo
Tras haber hablado con su mujer y haber estudiado la proposición con perspectiva y mejores ojos, Sebastián se presentó en la oficina al día siguiente para decirle a su jefe que se lo había pensado mejor y que de buena gana aceptaba el regalo. El avión salía en 5 días. La mujer de Sebastián le metió catorce bocadillos en la maleta y le prometió que le rezaría cuatro ave marías cada día
Lo que ocurrió en Chile es difícil de contar. Sebastián, a quien le venía justo para leer y sólo tenía maneras pueblerinas, se enamoró enloquecidamente de la hija de la mujer que regentaba la pensión en la que se hospedó durante el viaje, y loco de amor se declaró en rebeldía, se negó a volver a España, y juró amor eterno a la hija de la dueña quien solo tenía 16 años (2 años menor que la propia hija de Sebastián). Esta chica, de más está decir, no le correspondió. La madre de la chica lo denunció a la policía
Años más tarde Sebastián murió como muere todo el mundo. ¿Se le puede poner apodo a un muerto como Sebastián?
Envíennos posibles apodos para Sebastián Montejano y todo aquel que pase la primera criba entrará a formar parte del sorteo de un viaje a Chile. Será un viaje para dos personas que incluirá hotel en régimen de pensión completa, trasbordos al aeropuerto y una visita guiada al barrio de Quinta Normal, lugar donde se ubicó la pensión donde se alojó en su día Sebastián Montejano
FE DE ERRATAS
Fe de erratas:
Donde dice Agustina Villamar debe decir Agustina Villamar Terrón
La gente ya no se mira al espejo como antes
Donde dice Agustina Villamar debe decir Agustina Villamar Terrón
La gente ya no se mira al espejo como antes
Amor, humor y perros flacos
En la nueva adaptación que Matías Manchego y su equipo de siempre han hecho del Lazarillo de Tormes, el personaje principal, Lázaro, no hace de lazarillo de nadie pues en esta adaptación el ciego dispone de un perro guía (labrador) y también cuenta con la inestimable ayuda de una hermana que se vino del pueblo tan pronto conoció de las necesidades de su hermano
El no accidente de la famosa soprano Agustina Villamar
El 14 de febrero de 1997, la famosa soprano Agustina Villamar no sufrió ningún accidente de tráfico tras el cual se le tuvo que amputar la pierna izquierda. La tarde de aquel no fatídico 14 de febrero y después de haber sufrido un ataque de ansiedad provocado por dudas internas respecto a la calidad de sus interpretaciones, Agustina prefirió no coger el coche ni bajar a la ciudad por lo que no sufrió ningún accidente. Se quedó en casa y disfrutó de la vista que el nuevo patio acristalado le ofrecía. Sí que es cierto que se tomó un Xanax y que se bebió dos copas de Cardenal Mendoza, pero en ningún momento sufrió un aparatoso accidente en un tramo de la comarcal 121 tras salirse de la carretera y perder el control del vehículo. El coche no sufrió ningún tipo de incendio. Agustina no quedó parcialmente inmovilizada ni tampoco sufrió quemaduras de grado II. Aquella tarde escuchó otro tipo de música al que solía escuchar y bailó mentalmente mientras se bebía el coñac sentada en su sillón favorito desde el cual apreciaba un resquicio de mar al final de los acantilados. Con motivo del accidente que no sucedió, está de más decir que la famosa soprano no fue trasladada al hospital Miguel Servet, ni que permaneció ingresada en la habitación 315 de la planta de quemados
Amor, humor y perros flacos
En el apartado de esta semana de amor, humor y perros flacos, hablaremos del impacto que ha tenido la era digital en el adulterio y también sobre el peligro de extinción al que están expuestas hoy en día las amas de casa de las de antes, las de toda la vida, las que cocinaban con cariño y se dejaban la piel por tener la casa siempre como los chorros del oro. También hablaremos sobre la nueva producción que Matías Manchego y todo su equipo llevarán este mes a las tablas de media España de su particular adaptación del Lazarillo de Tormes
Friday, 30 November 2012
El Alzheimer del Dictador
Salchichas de Pollo es una entidad muy a favor de libros como Los Detectives Salvajes de Bolaño y de sitios con playa y bar de menú. Luego está la historia del dictador sudamericano que sufre de Alzheimer y se levanta temprano, acude a su oficina presidencial, se extraña de que no haya nadie alrededor, su secretario no está, no hay rastro de la corte que le acompaña cada día. Se levanta de la cama palaciega y se extraña de que no haya nadie que le ofrezca desayuno y periódico. Todavía con el batín puesto se va a su despacho. Se sienta en la mesa y enciende el ordenador. No hay correo que abrir. Nadie le trae informes. El palacio está mudo. Se extraña ante tanto silencio pero decide empezar el día como si fuera cualquier otro. No es domingo y sin embargo no aparece ni dios. Abre varios archivos y repasa los últimos decretos. Lee los minutos de las últimas reuniones. Necesita un café pero no hay nadie a quien pedírselo. El palacio presidencial está mudo, no se oye un alma. Poco a poco un murmullo nace. Se escuchan ruidos y exclamaciones. Abre la puerta y descubre que el sonido no proviene de palacio sino desde fuera. Se acerca a la ventana. Una multitud se mueve en la plaza. Gente con disfraces baila en la calle. Hay bandas de música y exclamaciones festivas. El dictador llama por teléfono a su secretario quien contesta desde su casa. Le pregunta qué demonios está pasando. El secretario le dice que es día de fiesta. Su alteza, señor presidente, lo decretó ayer mismo. El presidente dice que él no decretó ninguna fiesta y que es necesario imponer el orden y disolver la fiesta. El secretario le dice que es demasiado tarde pues la nación entera sabe que hoy es fiesta nacional pues fue decretada por el señor presidente ayer mismo. Su alteza lo anunció en televisión. El presidente niega haber decretado nada y ordena al ejército y policía disolver de inmediato las celebraciones. Cientos de civiles mueren aplastados por la represión
Friday, 16 November 2012
DICTADOR CON ALZHEIMER
Donde un poderoso dictador se empieza a olvidar de las órdenes que acaba de dar. Había dicho que hacía falta invadir el país vecino, que hasta ahí podían llegar, que aquellos hijos de puta, que el orgullo nacional, que había llegado la hora de la verdad, que quien buscaba terminaba encontrando. Había impartido órdenes de que primero la infantería y luego la aviación y posteriormente la armada. Había exigido también que le mandaran el barbero porque las puntas del bigote le hacían cosquillas. Había pedido dos o tres concubinas. Había exigido que durante media hora nadie le molestara. Un poco más tarde le habían llamado porque la invasión no estaba resultando exitosa y hacía falta un plan de retirada. Le habían rogado, por favor, que admitiese la derrota y autorizase la retirada. El dictador preguntó que de qué retirada le estaban hablando. De qué invasión. De qué carajo. De qué coño le estaban hablando
EL MATRIMONIO ETCETERA
De donde se obliga a dos personas a casarse para estudiar respuestas a diversos estímulos y poder aplicar cierto tipo de medicamentos. Se les obliga a casarse y se les administra, cada cuatro horas, pastillas que agrandan la dependencia y el desasosiego, que fuerzan según qué tipo de carencias en la relación. Luego a las dos de la tarde uno levanta la voz y el otro necesita zanjar una conversación a base de gritos afirmativos y gestos (con la mano) tajantes. Luego se van a la cama y se les da pastillas para que no sólo compartan sábanas y población sino también desvarío y verticalidad. Por las mañanas se les da zumo de naranja y rosquillas de anís y luego se les entrega un manuscrito en el que se describe lo que será de ellos dentro de cinco años. Ella dice que echa de menos a sus padres no como tales sino la simplicidad de los ocho años y lo sencillo que resultaba entonces emocionarse, la tarta de galletas, los dobladillos en la ropa, los zapatos de charol, la procesión, la ropa de domingo, Carlos que la miraba de reojo desde el banco de los chicos
SE ALQUILAN MUERTOS Y SIN EMBARGO
De donde se alquila un muerto, se hacen pasar por hermanos, necesitan ayuda, usan la ayuda para robar, no se roba cualquier cosa, se roba un aparato nuclear, se necesita cruzar al país vecino porque en el país propio resulta más difícil alquilar muertos. Se habla de la niñez de cada uno. Se habla de que a uno de los dos, sus padres le despertaban a las 4 de la mañana porque hacía falta tomarse una pastilla. Para despertarle le decían que se iban a la playa porque por aquel entonces cuando se viajaba a la playa hacía falta levantarse a escasas horas de la madrugada ya que por aquel entonces las carreteras no eran lo que son hoy y hacía falta madrugar una barbaridad. Se trataba de alquilar muertos porque la vida se pagaba cara y estar muerto salía barato sobre todo si las deudas de juego superaban la realidad. Se alquilaban muertos porque se había robado un aparato nuclear que en según qué países se pagaba a precio de oro y luego estaba que servía para disolver objetos perdidos, sabanas de una herencia, la dote que un padre pagó en su día, una llave de un cajón que nunca cerraba bien del todo, la almohadilla de un sofá orejero, un recibo del gas, un jarrón donde poner margaritas recién cogidas, besos que venían con pan tumaca y aceite de oliva extra virgen
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