Wednesday, 2 May 2012

EL RAYO CÓSMICO (PARTE II)

Caminamos con el rayo cósmico a cuestas. Caminamos al mediodía como quien ha perdido el autobús, entre pueblos sin semáforos, con el trigo y la cebada y lo que queda de huerta como camino. Caminamos llevando a rastras la poca urgencia agregada. Jacinto se ríe del tonto del pueblo, del pueblo anterior. A mí se me queda algo de Quijote y Sancho Panza. Nada que ver con nuestras personalidades, ni los hablares o el esperpento. Es más que nada la manera con la que andamos por el arcén, entre tanto mediodía de provincia, de carretera secundaria, sin nubes en el horizonte, con el cantar de las cigarras, el oasis en cada curvatura de asfalto, las uñas de los pies largas, el zapato que se come el calcetín de tanto andar. Jacinto había pensado dejar que una televisión pudiese filmar no el rayo cósmico en acción sino el aparato que llevábamos en el saco y que denominábamos rayo cósmico. Nos intercambiábamos el saco de Nitrato de Chile. En un pueblo una mujer nos sacó pastas y vino casero. Nos invitó a su casa de baldosas gélidas y paredes recias. Los interruptores de la luz negros, en forma de pestillos laterales. Casas de pueblo con timbre de teléfono, con puertas que no cerraban del todo bien, los ladridos del perro, la roña en las rodillas… Se me antojaba cierto quijotismo en la manera con la que nos arrastrábamos de pueblo en pueblo con el rayo cósmico a cuestas, sin que nadie supiera que lo llevábamos en el saco. En según qué pueblos había alcalde y banda municipal esperando junto al cartel de la entrada. Muchos pueblos llevaban la palabra “de” intercalada. Jacinto me contaba de Alfredo Landa y Marisol y de cierta película ambientada en San Fernando. Me contaba de una chica con trenzas, con plena pubertad en ebullición, granos en la cara. Me contaba de aquellos besos sin lengua donde se pretendía ser John Wayne o Rooster Cogburn. Yo entonces me acordaba de Magdalena y me venía el peso ese en el estómago que achacaba a los últimos mantecaos que nos habíamos comido, o al último pandero, o a las magras con tomate. Jacinto quería comprarse alpargatas de campo, yo prefería mis Nike Air Jordan. No resultaba fácil preguntarse sobre los porqués del rayo cósmico y lo que en realidad suponía. Jacinto me contaba, por las noches, que echaba de menos la bodega del “Bolero” y la humedad y las astillas que se le clavaban a uno cuando se apoyaba en las paredes del barco. Según qué noches en según qué pueblos, cualquier mujer nos dejaba dormir en una alcoba con cama alta y mantas pesadas y muñeca de tamaño natural haciendo de adorno, de pie, en un rincón de la habitación. Jacinto echaba de menos Formentera. Yo echaba de menos la protección que la isla me otorgaba contra el dolor por la pérdida de Magdalena. En según qué pueblos de Lérida, Huesca o Zaragoza, cuando en cualquier taberna o bar casino me permitía compartir mis penas con cualquier alguacil o con cualquier herrero, entre vinos que dejaban marca en el vaso, ellos decían Madalena en vez de Magdalena. Contraían las silabas haciendo rodar la palabra Madalena. Sin darle más importancia de la que tenía luego se pedía otra ronda y se cambiaba de tema. Había quien nos ofrecía dinero por acudir a sus casas y hacerles levitar algún electrodoméstico en privado. Hubo quien pidió que se hiciese levitar al electrodoméstico con el hombre montado encima. A Jacinto no le gustaba salirse de la rutina establecida. Le gustaba dictar reglas. Las demostraciones privadas se podían llevar a cabo según la justificación que ofreciese el demandante. No era cuestión de dinero, decía mirándome las Nike Air Jordan en mitad de otra carretera, al mediodía, sintiéndose a disgusto con sus alpargatas recién estrenadas

Tuesday, 1 May 2012

EL RAYO CÓSMICO (PARTE I)

Primeramente llegó el rayo cósmico y luego vino el dinero. En Formentera donde uno juega a no parecerse a nadie, sin tener a Magdalena, atracando barcos veleros, durmiendo en el sótano del “Bolero”, jugando a cartas, leyendo manga, untando mostaza Dijon en rebanadas de pan viejo, de miga dura, Jacinto se había pasao tres meses dando por culo en aquella especie de laboratorio/sala de maquinas del barco, montando artilugios, desarrollando sin querer el rayo cósmico que luego a la postre traería dinero y destrucción en proporción. En realidad no servía de nada, se explicaba Jacinto. Yo había puesto una canción que se llamaba Stardust. Habíamos puesto agua y Nescafé descafeinao a hervir, todo mezclao en aquella regadera reconvertida en tetera. El rayo cósmico, apuntado en la dirección y ángulo correcto, sobre la base de ciertos electrodomésticos(lavadoras no), hacía que levitasen para el asombro del personal. La idea se explotaría con un circo retro, de pueblo en pueblo, como si fuera el hombre elefante. Primero no vendría ni dios, luego cuatro gatos, después algún intelectual pasado de rosca, se haría el boca a boca, denegaríamos permiso a cualquier televisión, nadie lo pondría en youtube, sería algo para ver en persona, habría que pagar y hacer cola a la entrada. La levitación en sí no era gran cosa. Los electrodomésticos no volaban por el cielo ni mucho menos. Apenas se alzaban unos centímetros del suelo, en perpendicular, sacudidos por temblores secos, como un transbordador. Pero la gente venía. Se designaron circuitos y se vendieron entradas con antelación. Nos ofrecieron mucho dinero por dejar acceso a las cámaras. Una productora danesa quiso comprar el proyecto, incluido Jacinto. Un grupo de negocios saudí nos compró un Rolls Royce que dejamos aparcado en Formentera, en el aparcamiento de la marina donde atracaba el “Bolero”. Yo pronto empecé a sufrir, cada vez más, ante la insoportable ausencia de Magdalena. Yo había huido a Formentera para escapar del dolor que me produjo la ruptura con Magdalena. En Formentera me había dolido menos. Aquel era un lugar donde para estar triste se estaba bien. La compañía de Jacinto no había ayudado, siempre dando por culo con esto o con lo otro, pero aquellas sesiones en la bodega apestosa del “Bolero”, los melones rancios que nos vendía Rogelio desde el muelle, los pescadores desalmaos, las putas de semi lujo que nunca pudimos convencer, las pajas por turnos en el baño, la prohibición de correrse en la ducha, la risa de Jacinto cada vez que un cable le daba corriente… En Formentera lo mismo me había jodido pero el dolor había venido de distinta manera. Luego el rayo cósmico nos trajo dinero y comodidad, elementos altamente contraproducentes en estado de depresión. Jacinto había sugerido que diese clases de saxo, aprenderme las estrofas de Stardust como vía de escape. El dinero se nos salía de los bolsillos. Jacinto jamás reclamó un porcentaje mayor por haber sido el inventor del rayo cósmico. Hoy estamos sentados en una parada de autobuses en un pueblo semi deshabitado de la provincia de Lérida, esperando al autobús de las 3 que nos llevará a Lérida capital. El rayo cósmico lo llevamos en un saco de nitrato, de plástico amarillo. Nos lo dio un agricultor. Un saco con la estampa de la marca “Nitrato de Chile”

Sunday, 11 March 2012

SONSOLES Y LAS TETAS

Cuando te ponen un anuncio de esos de agencias de relaciones, te buscan novia, te ponen una chica más que decente en la portada del anuncio, suelen estar entre los cuarenta y los cincuenta porque ahí es donde está el negocio. Una mujer que ha sido madre, que se casó en su día con dvd y viaje a Laos-Camboya, con separación primero y divorcio después, custodia del pequeño compartida y reasesoramiento de prioridades. Ya no vive en el adosado, ya no viaja al pueblo los fines de semana, ya no sale con otras parejas. Ahora juega a los bolos los miércoles por la tarde y baila danza-jazz los sábados por la mañana. Ahora busca pareja pero desde otro ángulo, con diferente perspectiva. Está demasiado buena para su edad. Le cuelgan dos tetas inmerecidas. Lleva una blusa ajustada a través de un ancho cinturón de hebilla. El pelo liso hasta la mitad del cuello. Te ponen un anuncio con la foto de esta Matilde que vaya a saber uno si en realidad se llama Matilde o Margarita. Te ponen una foto de una mujer modelo, tal vez casada, tal vez enamorada, tal vez madre de cinco. ¿Buscas pareja a los cuarenta? El mensaje subliminal no son las tetas ni los ojos azules ni la melena acacerolada. El mensaje es el dvd y el viaje a Laos-Camboya y los souvenirs que luego se traen al adosado, el escudo Zulú, la ensaladera árabe, el juego de té, la piel del oso. El trofeo no es el orgasmo sino la república compartida, la casa rural. Las tetas son en realidad una excusa para subir al monte a coger setas con una cesta comprada para la ocasión en una feria artesanal

Saturday, 18 February 2012

SUCK IT AND SEE

María Garcés pesaba setenta y dos kilos, mal llevaba 53 años de vida y dedicaba las tardes a hacer voodoo en el cuerpo de trapo de Antonio Cañadas Valiente, antiguo esposo y presente demandante por apropiación indebida. María había tenido otro cuerpo en otro tiempo, había sido una mujer distinta, alejada de grasas y recibos de la seguridad social y caminos preconcebidos. Había hecho de paquete en una Guzzi del 64 y había recorrido Europa con Antonio durante dos años y medio jugando a pretender perderse en distintos hoteles y fronteras y países como excusa para no perderse en los brazos de cada uno. Antonio encontró fortuna en las granjas de doradas, pronto hizo dinero y se desentendió de María y de la moto. Pinchaba el muñeco de trapo mientras Antonio daba sorbos a un Martini blanco, apoyado en el balcón de una suite de hotel, dando la espalda a otra chica veinte años menor. En la mesilla de noche quedaban restos de rayas de cocaína incrustadas en círculos de vasos de brandy. María seguía incrustando agujas en el muñeco con la total seguridad de que estaban produciendo el efecto esperado. Tal vez no le den pinchazos en el estómago, tal vez no sienta el acero del cuchillo, tal vez no se tenga que doblar de dolor, pero el voodoo le está surtiendo efecto, claro que le está surtiendo efecto. María pretendía tener poderes psíquicos. En un juicio posterior Antonio se rió a carcajadas cuando fue preguntado si había padecido dolores que pudiesen estar relacionados con prácticas de voodoo. María hubiese deseado tener treinta años menos cuando tuvo que subir al podio para ser interrogada. Claro que le duelen los pinchazos, claro que hacen efecto. Cada agujazo se convierte en diez minutos de ansiedad, en un periodo de indecisión, en malestar general, en tos crónica. Mírenle la cara, les dijo a los miembros del jurado. Un hombre como él, demasiado mayor para contener un cerebro impertinente. Un hombre que se va al médico y vuelve con una receta pretendiendo estar enfermo. Claro que el voodoo le hace efecto, decía agarrada a la barandilla del podio, cerrando los ojos de cuando en cuando, pretendiendo sentir el viento en la cara, abrazada a una chaqueta de cuero negro, oliendo la gasolina y los kilómetros perdidos como si fueran días de otro tiempo

Wednesday, 8 February 2012

GUILLERMINA FOZ

El día en que Salchichas de Pollo fue denominada “Holding” y no mera agrupación intelectual fue el mismo que hizo falta nombrar un “Comité de Riego” para encarar los problemas de sequía que sufrían ciertas áreas del chalet en el que por aquel entonces convivíamos. Jesús Puente, lejos de formar parte del Comité de Riego y colaborar en la ardua tarea de hidratar el tejido, pregonaba a diestro y siniestro anunciando que la música era la única solución. El remedio físico era bula y careta de cartón, decía arropado por la sinergia que le otorgaba la botella de whisky de doce años que empuñaba. Hacía falta poner música, acercar altavoces a la parte trasera del chalet donde la tierra se agrietaba víctima de una sequía focal. Se subió a una roca y llamó a todo al mundo a que se le acercase. Eran las dos y media de la tarde. Nadie sabía a ciencia cierta si aquellas palabras las dictaba el alcohol o la locura. Todos los caminos conducían a Monk, gritaba a pulmón abierto. Todos los caminos conducían a Monk, mientras los técnicos de riego se arremolinaban a sus pies. Jesús Puente se convertía en estatua viviente, en orador de malta. Todos los caminos conducían al único maestro capaz de tocar las teclas del piano a la inversa, tocar hacia atrás aunque la melodía fuese hacia delante. Con los dedos secos como la tierra, aplastaba notas con la única intención de deshacer la nota en cada quejido, de quitarle la capucha a la canción. Cada vez que Monk tocaba les sacaba guisantes a las teclas, decía un Jesús Puente más apasionado que de costumbre. Los moros se habían equivocado con aquello del regadío y los canales y el ajedrez. Todos los caminos conducían a Monk, decía mientras que por el rabillo del ojo admiraba de forma intermitente las interminables piernas de la nueva becaria, Guillermina Foz, natural de Lanzarote, tierra de fuego

Monday, 6 February 2012

TAMBIÉN TENÍA SUEÑOS PEQUEÑOS

En sus sueños más alocados John Lennon se peinaba a raya y Marifé de Triana hacía el tonto subida a un caballo de madera. No aparecían juntos en el sueño. Le gustaba extrapolarlo todo, sobre todo las fantasías aquellas que se le aparecían sin razón aparente. La guerra siempre sucedía por la tarde, de buena mañana los muchachos limpiaban cañones y las mujeres planchaban los trajes a los alféreces. Había quien se mojaba el pelo antes de la batalla. También tenía sueños pequeños e incluso sueños medianos. En sus sueños más pequeños se veía a sí mismo de bebé, jugando al ajedrez, en pañales. En los sueños medianos perdía los zapatos por el hueco que quedaba entre los peldaños de las escaleras de la Torre Eiffel. Los zapatos caían muy poco a poco, desde lo alto de la torre, balanceándose en el aire como si fueran plumas, como hojas de árbol platanero. Se balanceaban durante horas hasta que por fin aterrizaban en las aguas del Sena. Yo lo veía todo desde las escaleras frías, metálicas, sentado de rodillas, con los ojos tapados por el vértigo que me daba el viento en la cara

MANERAS DE VIVIR

Nos habían llamado de una radio en pleno Alvarado Park, en Albuquerque, y se nos había pedido con claridad y diligencia, que colaborásemos en el programa collage que hacían los martes por la noche para que narrásemos en primera persona y ante toda la audiencia Nuevo Mexicana lo que había significado para muchos de nosotros el descubrimiento en 1981, de la canción Maneras de Vivir, incluida en el álbum “En Vivo” del grupo Leño. A toda la gente que forma parte de este movimiento de masas que es Salchichas de Pollo, opinar así por opinar siempre nos ha gustado mucho. Tanto Juanjo Bautista como Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano comían ganchitos de queso acercando las barbas al micrófono de la emisora independiente que dirigía Manuel “Culebra” González. La tarde previa a la grabación la pasamos en el frontón que habían construido en lo que antes había sido el Parque de la Cordialidad. El frontón había sido cosa de petición popular, nos dijeron en la radio. Después del programa, tanto Cárdenas Solórzano como un servidor tuvimos muy pocas ganas de irnos a la cama. Se establecieron dos grupos; uno de retirada y otro de continuación. Los chicos de la emisora consiguieron varias botellas de vino dulce y juntos la emprendimos hacia aquella explanada que llamaban la puerta del desierto. Una vez allí, seguimos hablando de Rosendo y su Maneras de Vivir. A las 3:15 de la noche Cárdenas Solórzano llevó a cabo el mejor y más original comentario al respecto. Los chicos de la emisora le reprocharon que no hubiese tenido semejante ocurrencia en antena. El viaje de vuelta a casa fue de lo más placentero. Pudimos avistar ballenas espermáticas y delfines de gran plasticidad. Juanjo Bautista no se quitó los auriculares ni para mear

Sunday, 5 February 2012

THE HOURS

Si no era por el celofán, joder, ni por lo otro. Era esa manía que tenía de rascarse a deshoras, sin que hiciera falta, el picor mental, las pocas ganas de bajar abajo y poner la mesa, sacar los platos de la vajilla antigua, la del arreglo floral incrustado que tanto le recordaba a la casa de campo en los años cuarenta, aquel semi feudalismo donde todo se metía en conserva, la leche con nata, el pan duro, las montañas de trigo. Se rascaba como respuesta a estímulos externos. Se rascaba como para defenderse de sí misma. Según el estímulo, según la frase que el joven Jonathan hubiese recitado o según el mensaje, si tuviese que ver con un pago o con una cita, ella se rascaba en el hombro o en la espinilla. Cuando se rascaba en la espinilla, primero se bajaba el calcetín. Se sentaba en cualquier sitio, en el bordillo de una acera, sobre el borde de una fuente, y doblaba la pierna acercándose el pie. A veces se rascaba porque había levantado la vista y descubierto una chimenea en el momento preciso cuando comenzaba a vomitar humo. Otras se rascaba porque el semáforo había cambiado mientras cruzaba o porque en una peluquería habían encendido un secador justo cuando iba a preguntar la hora. Se rascaba como se rascaría una mosca. También fumaba por fumar, y veraneaba en la costa cada primera quincena de cada mes de Agosto, sin ganas pero sin reparos, dejándose llevar por la cuesta abajo y el bocadillo previsible, las tortillas de claroscuros, la sonrisa de Erica, el Don Juan jugando a las sombras chinescas. Matilde era muy friolera. Se ponía vaqueros y jersey encima del pijama. Tenía un jersey de lana a rayas que según ella se agrandaba a las dos horas de haberlo llevado puesto. Luego lo guardaba en el cajón y al día siguiente había menguado milagrosamente. A Matilde le gustaba pensar en voz alta

Sunday, 29 January 2012

CLAROSCURO Y BARRABÁS

Me soplaba en el pescuezo, yo con el pelo recién cortado a maquinilla, me pasaba la yema de sus dedos y la sonrisa se me amortajaba, me salía moho, los dientes se me volvían pan duro. El trabajo y los días que aquí transcurren como si fuera aliento en bolsa de papel, llave y enfermedad. Bruno cronometraba el ciclo que tardaba la lavadora secadora, los pijamas a rayas recién tendidos, el arte en sus huesos. Por aquellos días en aquella parte del edificio, en los tres primeros pisos, se disertaban los atardeceres con sardinas en lata y vino tinto y dolor de muelas. Ella que me roza con sus labios y las tarantas y los tanguitos se trasladan a vivir al campo. Ella que tantas veces apuesta al rojo, par, con leche y sin mano izquierda. Ella que de cuando en cuando estaba hecha de barro seco. La nuez por la que se me arrastra la saliva cuando a las once de la noche suena el teléfono en el piso de abajo, en el mueble donde no hay teléfono, donde René y Max siguen con esa manía de no conocerse, con chaquetas de lana verde y trajes de alpaca, enrabietados con el sonido que produce cada gota cuando se suicida desde lo más alto del grifo oxidado. Antoine y Desiré ponían discos de Clarinda Jones y de los Sweet Tenants, y era sobre todo en la tercera canción del segundo disco, cuando el solo de saxofón irrumpía después del ninguneo de piano, cuando la melodía frenaba en seco, era entonces que Antoine le hacía escribir a Desiré en un papel cuadriculado, la descripción sentimental que le producía la irrupción de aquel saxofón, exactamente a las cuatro de la tarde de cada martes y jueves. El experimento duraría tres meses y medio. La finalidad era encontrar la cura contra el dolor que suponía esa especie de muerte que siempre sucedía después del mediodía, cuando los garbanzos pesaban en el estómago y cuando se seguía sin noticias de Mari Ángeles y el bebé y aquella pila de facturas sin pagar. Habría que encomendarse a Mallarme, había sugerido René, un poco más de este lado de las cosas, sin echar nada de menos, sin hacer mención de la posguerra ni de la balística ni de los recuerdos que le traía el sonido de la brisa atlántica

Tuesday, 17 January 2012

EL MARISCO, SIN COMPARACIÓN

Las gacetas de lo acuario, el término que se corroe sólo de ser pensado

Ella que venía como fibra de pelo ondulado, como síntoma de elemento obtuso

La inocencia de sus llamadas parecía estar programada, como sopa de rancho, como perro faldero

Se ajustaban cuentas en locales del sur del puerto, la bocanada negra, el mestizaje que armonizaba

Colgado en las cuerdas de tendederos. Se apostaba la gente sin camisa y sin estribo

A veces uno se pone a pensar en la incongruencia de algunas islas del pacifico, en el estado de semi

Dormidera en el que se encuentra el amanecer color pardo, el tigre y la hiena, los caramelos de menta

A sabiendas de que las cosas no acaban, de la permanencia del tiempo y el movimiento circular

La luna que sabe a paquete de ganchitos naranjas, a culebra de esparto y Martín pescador

Los camiones cargados de troncos pasan por delante de la gasolinera sin dejar rastro ni saliva

Ay de mí que levito en mi encierro! Ay de mi que a través de los barrotes negros, en la torre del oro, donde

La tierra está hueca de túneles y donde la ausencia de gritos y tormentos encandila las pausas, ciertos momentos

Monday, 9 January 2012

BESOS SÍSMICOS

Se besaban sin parar. Se sentaban en el parque, hacían picnics y luego se besaban hasta que el beso hacía daño, hasta que la fricción labial terminaba produciendo movimientos sísmicos. El labio superior de ella se metía debajo del labio inferior de él y así pasaba que el puente colgante de San Francisco se partía por la mitad

LAYLA BY ERIC CLAPTON AND WYNTON MARSALIS

Hacía falta intervenir bancos y apagar incendios de la misma manera que hacía falta escuchar a Eric Clapton tocando Layla con Wynton Marsalis. Más lo último que lo primero. Hacían falta vacunas para enfermedades terminales tanto como hacía falta escuchar aquel solo de trompeta que desafinaba queriendo, ya en la segunda parte, cuando rompía la melodía a sus anchas para luego volverla a construir en el momento más inesperado, cuando el edificio se venía abajo y a punto estaba de golpear el suelo, en el último segundo del sueño de una vida que luego resultaban ser más vidas. Luego el compás se frena y se convierte en Nueva Orleans, cuando Eric Clapton y Wynton Marsalis se miran sin mirarse, balanceando sus cuerpos a cámara lenta, al compas de una música que deriva cada dos por tres, que produce tsunamis por asociación, que quita vidas lo mismo que las da, que desatasca semáforos en verde y que ilumina ciudades de cemento armado

EL TELEPÁTICO PODER DE LA CARNE AHUMADA

Los zapatos en el trastero y la casa por barrer, decía nuestra santa abuela quien solía sentarse en el corral, en la silla de mimbre, a pelar judías verdes. Luego por las tardes jugábamos a la Fuga de Logan y ya a la noche comíamos bocadillos de Nocilla con jamón de york. Nunca jugábamos al Señor de los Anillos ya que por aquel entonces desconocíamos la existencia de semejante trilogía. Jugábamos a indios y vaqueros, a vacas, a pie tute re-tute, y de todo aquello nos viene ahora esta aprensión por la comida enlatada, por la ensalada de frutas y los tentempiés de agosto, léase el gazpacho de Huelva, el salvoconducto tropical, el mordisco del pez mesa-camilla. Solíamos llamarnos usando nuestros nombres de pila. Hablábamos en voz alta y se nos clavaban astillas en el dedo pulgar. Nos manteníamos ajenos a cualquier tipo de alimento que hubiese sido embadurnado en mahonesa. No nos gustaba que el pimiento rozase con la chuleta o que las noches de agosto vinieran sin pelar. Ahora miramos hacia adelante y pensamos sin más remedio en gente como Cesar Vallejo, en el Obispo Elías y en toda la puta madre que parió al cordero

CARTAS AL LECTOR

Querido lector J Danubio:

Creemos que no estaría de más que tanto usted como su señora esposa, se dejarán de tanta mentira y tanta parafernalia, y se dijeran a la cara lo muy poco que se quieren. A día de hoy, no hay más que verle la facha a uno; La desgana paulatina con la que se sube usted al autobús 35 cada vez que la oficina lo socorre de ese tun tun que unos llaman “el día a día” y que en Salchichas de Pollo llamamos “la vida corriente”. Ni usted ni su señora esposa son dignos del espacio sentimental que se les ofreció. No olvidamos ni podremos olvidar nunca que hubo firmas de precontratos, hubo contratos, facturas pro-forma y hubo incluso la afiliación a la agrupación vecinal de rigor y al club deportivo donde tantas veces su mujer pasó las tardes tirando al plato.

No es que no se quieran, eso lo entendemos. Ni tampoco es lo otro, aquello del paso del tiempo, la despolarización de las cenizas de la pasión, la pérdida de fuelle, no. No es eso como tampoco es la falta de inventiva, las tardes de sesión de cine en la Calle Cervantes con la posterior chocolatada, la copa de champán, el pacharán, el paseo por la Gran Vía, juntos de la mano por la calle tal y la calle cual, no, no es eso. Es sobre todo lo otro. El desajuste de cuentas, los navajazos que los dos habéis estado dándole a la memoria de una historia de amor, el esperpento cada vez que compartís mesa, cada vez que el uno le pide al otro que parta el pan, que le acerque el salero, que le de una de esas pastillas para el sarampión. Es sobre todo el intento de nadar contracorriente, la frívola y parda subestimación al dolor, al garabato en el mantel, la rotura de ligamentos en el corazón.

Querido lector J Danubio: Lamentamos que después de tanto tiempo todavía le sobre la vergüenza torera a la hora de pedir perdón, de admitir la derrota, cuando a los perros ya no les quedan garrapatas que rascarse

Querido lector J Danubio: Pídase usted una tónica Schweppes, ande, amanse a las fieras de una manera u otra, dedique las tardes a dejar pasar el atardecer, desproporcione la compra de pescado fresco, enróquese en su voz de sumisión, en las camisas de cuadros que a usted tanto le gusta vestir, en el sofrito de tomate crónico, en los fines de semana sin Dios. Oblíguese a desobligarse de tanto frio en los huesos

El 100

Artículo número 100 de Salchichas de Pollo

Hoy llegamos al 100, nada más que al 100. Atrás hemos dejado noches de abstención, cantimploras vacías en el desierto del Yemen y lustros de grandeza. Pese a que nos consideramos un movimiento taurino y a la vez plural, no se nos ocurre mejor manera de festejar este artículo número 100 que con una canción que para nosotros representa el pasado, presente y futuro de esta bendita organización


EL ORANGUTÁN

El orangutan y la orangutana
el orangutan y la orangutana
ESTABA EL ORANGUTAN MESIENDOSE EN UNA RAMA
ESTABA EL ORANGUTAN MESIENDOSE EN UNA RAMA
Y PASO LA ORANGUTANA COMIENDOSE UNA BANANA

el orangutan y la orangutana
el orangutan y la orangutana

DE PRONTO EL ORANGUTAN LE DIJO A LA ORANGUTANA
DE PRONTO EL ORANGUTAN LE DIJO A LA ORANGUTANA
TERMINA YA TU BANANA TE INVITO A PASEAR EN LEANA

el orangutan y la orangutana
el orangutan y la orangutana

el orangutan y la orangutana
el orangutan y la orangutana

SE FUERON A BASILAR AL BAR DE LA MONA JUANA
SE FUERON A BASILAR AL BAR DE LA MONA JUANA
Y ENTRE COCOS Y JARANAS VOLVIERON POR LA MAÑANA

el orangutan y la orangutana
el orangutan y la orangutana

CALLOSE EL ORANGUTAN RENDIDO SOBRE LA RAMA
CALLOSE EL ORANGUTAN RENDIDO SOBRE LA RAMA
Y LA POBRE ORANGUTANA LOS PIES EN LA PALANGANA

el orangutan y la orangutana
el orangutan y la orangutana

Salchichas de Pollo Copyright 2012

FE DE ERRATAS

Fe de erratas 1174 / b

Fe de erratas concerniente al artículo 99

Tómese nota de que donde dice “antimateria literaria” debe decir “materia oscura literaria”

Sunday, 8 January 2012

TRASLADO INMINENTE

Con la presente anunciamos el traslado del gabinete central de Salchichas de Pollo a la Gran Manzana. A partir del 15 de Febrero los HQ de Salchichas de Pollo tendrán sede en el 282 de Hudson Street. El motivo del traslado atiende a razones teóricas. Desde hace meses, el núcleo duro del equipo que formamos esta entidad, hemos estado trabajando intensamente en aquello que llamamos la anti-materia de la literatura. Las dinámicas particulares del individuo como estructura y argumento de la obra. Nos encontramos en proceso de producción de la que ha de convertirse en la primera novela hecha principalmente a base de antimateria literaria. Ponemos énfasis en las causas que llevan a los personajes a anteponer la pierna derecha a la pierna izquierda en un determinado momento. Nos interesa plasmar la elección inconsciente que lleva a cualquier personaje a mover ligeramente el codo, a tocarse una ceja. No sólo nos interesa saber por qué se toca la ceja sino sobre todo por qué se toca la ceja en ese preciso instante, en esa fracción de segundo, no ya en la vida real sino en la ficción, en la novela. Es por ello que nos mudamos a Nueva York y más en concreto a Hudson Street. Por la antimateria literaria y por la inmensa devoción que profesamos hacia la figura de James Brown.

Wednesday, 4 January 2012

PRODUCTOS DE BELLEZA L’OREAL

Tenía voz de café con leche y run run eléctrico
Dejaba las palabras en un reposacabezas de plástico
Ella tan pan para hoy y hambre para mañana y
Yo vendiendo duros a cuatro pesetas
Yo con esta cara de esguince de tobillo
Mueca de solar malvendido, Mar de los Sargazos sin permiso
Ni chicles de fresa ácida ni dolor de garganta
Ella tan y yo tan poco

Saturday, 31 December 2011

PELADURA DE CANCIÓN DE INVIERNO

Si no fuera porque tienes párpados de sidral y labios de regaliz
Hoy mismo te dejaba, al galope, apretando la entrepierna
Y si no fuera porque no sabes pronunciar según qué palabras
Hoy mismo te dejaba, por ser tan rubia y tan estática
Y si no fuera porque de a ratos te huele el aliento y si no
Fuera porque la saliva de tu boca, con cuentagotas
Hoy mismo te dejaba, por dejar algo, por la mecánica de las cosas
Y si no fuera porque miras con ojos de cortina, porque subrayas los pasos que das
Y si no fuera porque hasta la tapa del wáter se ruboriza cuando tu culo blanco y pecoso
Y si no fuera por esa extraña manera con la que te agrandas y si no fuera
Porque uno anda solo y sin nada mejor qué hacer
Hoy mismo te dejaba

Thursday, 29 December 2011

TARDES CON TERESA (BACHARACH RUMANÍA)

Resulta que llevaba mal aquello de ser vecino de Ana Obregón y Jeremías Johnson, la una tan distanciada del otro, modelo, cantante, escritora, presentadora de televisión, vedette, y luego por otro lado Jeremías y su casa de madera en las montañas de Yellowstone. Ambos se habían mudado al edificio en el que vivía el camarero del Bar Bacharach, en el piso tercero del viejo inmueble de la Calle los Escolásticos, en el barrio de la Química. El hombre había coincidido con ambos y les comentaba acerca de su nuevo proyecto, montar otro Bacharach a las faldas de los Cárpatos, en Rumanía. Llevar el mobiliario no sería un problema, la logística si no llevaba prisa saldría barata. Los camareros al igual que la música serían importados. Jeremías se ofreció para ayudar con el trabajo de albañilería. Ana Obregón no podría acudir, tenía citas varias con un dentista de Bilbao. El camarero del Bacharach dudaba si en Rumanía habría hora límite para cerrar el local. En Zaragoza le resultaba difícil echar a la gente. El carácter del hombre del Cárpato sería distinto, más comprensivo, menos embriagador, más dubitativo si se quería. Ana Obregón y Jeremías Johnson habían solicitado ambos una tostadora. Ninguno de los dos tenía. Habían llamado a la puerta del piso del camarero del Bacharach demandando que si fuera posible, como amigos, en tono jocoso, que bueno, una tostadora serviría de puente al mordisco. El camarero del Bacharach y pese a no tener mucho pelo, decidió prestarles no solo una tostadora sino también pan, mantequilla y mermelada de frambuesa. Bien mirado que pasaran dentro y él mismo les preparaba las tostadas, estaba acostumbrado a servir. Una vez que los tuvo sentados les sacó el plano del local a construir a pies de los Cárpatos. Quería saber su opinión. Lo había recibido esa misma mañana, por envío urgente. El arquitecto se había disculpado por no acudir en persona. Amablemente había mandado un dvd en el que aparecía él mismo, sentado a su mesa, con el plano, explicando por partes las secuencias del mismo, los porqués y los cómos de cada partición, de cada puerta, de cada peldaño. A Ana Obregón le hacía gracia que Jeremías Johnson llevase la camisa que llevaba en ese momento, con la de oferta que había. También le hacía gracia la manera con la que masticaba la tostada con mermelada, acercándose de cuando en cuando los dedos a ras de los labios, con una delicadeza teatral y exquisita