Wednesday, 11 May 2011

A PARTE DEL FUEGO

Radiografía de gesto voluntario. Cada vez que entraba en la salita de estar el ambiente quedaba reducido a materia de pelo castaño y fuga. En la tienda de la esquina se traspasaban vírgenes y santos varios, postales de Granada y cubículos de trozo de pan. Las ramificaciones de su voz, el aliento que se dividía en categorías y su mamar terco y celoso. De coches y trenes, de tregua despachada, barniz y cultura, verso pegajoso, solución de falta de aire y todo ello sin ser un hospital. La clave para entender lo que era un centímetro residía en el tono de voz que se usaba al pronunciar la palabra centímetro. A parte del fuego y los restos del divorcio, atrapadas entre paredes de hielo, cicatrices llenas de dedos, venganzas sin sal, poliedros rotos. Por mucho que le gustase a uno la sopa, el terrón pisoteado terminaba en duelos al amanecer con pistolas de verdad, sin calor ni viento de por medio. Como si de una luna de alambre se tratara, como si de fenicios y rumba y pienso en un determinado concepto. El aura que este ardor de estómago proyecta, la sombra del menisco, el pan y los senos y el aprendiz de brujo. Ancha es Castilla, paisaje en los huesos, comarca metafísica, estrechez de sentimientos, tristeza de ojo de tigre, moneda encantada, simulacros de mujer morena

MIRANDO A PIERNA CAMBIADA

Agazapado detrás de una tecla de piano. Sin intención de vender. Ella que mira con ojos translucidos, como gota de resina, sin instrucciones de uso, lo mismo que madame Leoni y las cartucheras y tanta mordaza, tanta reunión de presa de caza, de felinos en huelga, de cartuchos verdes, de pierna cambiada. El piano de cola se quema. El murmullo cortado con sierra. Nos alegraba saber que en realidad no era ella, sino su armadura, especie de lata en conserva, jubilación de cocodrilo y gato persa, antiguo reflejo esmeralda, de albahaca. Cascando nueces al sol, de tarde, de suvenir in-crescendo, tiempos de guerras. Había una especie de necesidad de substituir enemigos. Se llevaban a cabo asaltos no de bancos sino de estados de ánimo, de manos izquierdas. Allí donde hay propensión al batido de fresa. Se dice que tormenta o estanque sucio. Signos del zodiaco y jalea real, bronquitis aguda en los dedos del pie, martes sin lapidación de verbos compuestos. Ella que mira como quien construye tejidos

CORNISA DE AVE

Una especie de suspiro, inacabado, sin título, se incrustaba de alguna manera en su sala de máquinas, en la habitación donde se tomaban decisiones, en las glándulas a las que no les gustaba el color verde, en su sección de gustos y disgustos, alquileres y compras. Una distorsión de sonido proveniente de las profundidades del Mar Menor. Se sabía de una esquina de flor, de un parapeto de besos con lengua y esperanza crónica. Hacía calor a diario, con tanta rebaja de pluma de ave rapaz, de requisito sin conquistar y tormenta de Silvia. Por allí se veía venir. Se entraba y se salía sin pedir permiso, como lapas de campo, como hormigas de sangre fría y toma de agua. A la pregunta con vertebras, al gigante pardo, al aleteo de molusco. La señora sirvienta que plancha la ropa como quien plancha costumbres. Desacreditado quedaba el polvo y la dormidera. Sin Rocinante ni isla media, sin científico industrial, sin registro de minas, sin respiración consentida. Ellos creían que la costilla estaba hecha de avena y trigo, que no había un antes o un después, solo el olvido, el ruido de la carcasa y desprecio del viento

Saturday, 7 May 2011

SOPA DE ALBATROS

La cresta del albatros plateado, que sonriente, asiente como el veneno circunstancial. Sin mar de por medio, sin espiga de centeno y sin aledaño de sonrisa precaria, se juega al balón como juego concéntrico. Se mastican empanadillas con adagio de marcha fúnebre y jardín. La presunción de un abrazo, dado a medias, un abrazo dado a plazos, una vez al mes. Se calculan distancias y se reducen presiones sanguíneas sin mandrágoras ni nubes de espanto. La palabra dicha a medias, entre los dientes. La puerta abierta, al fondo, duplica la ansiedad cada vez que la oscuridad y cada vez que las leyes de la gravedad y el vacío de aire sintético. Descargando palomas y crisantemos cada vez que Celeste. La caricia justo al final, derrapando en grava de ojos ajenos, vulgares, olvidables. La memoria de goma verde, flotante. Uno sueña con estratos de siglos pasados, el calor sentido, una vez recordado. La plancha eléctrica, la vertiente clásica, los pompones, el bulo, el pecado en obras, el sexo en construcción

POR QUÉ UNA ISLA

Era porque una isla. Sin precedentes, vacía de tamaño. Una isla en tetra brik donde el espacio se mezclaba con asfalto y una isla donde los rasguños en el tobillo eran incompatibles con discursos de arena y palabras de carácter general, palabras sobrantes, epítetos insulsos, faltos de pastilla de caldo de ave. Se estaba construyendo una isla con máquina tragaperras y cordón umbilical. Se buscaba una superficie plana, ajena a sonidos silvestres y a perros quemados. Más que una isla se pretendía la idea de una isla, la invitación a invasiones enemigas, la sopera hirviendo, la ilusión de yodo, el cangrejo muerto, la sobrecarga de palmeras como cortinas de raso, el barroquismo que proyectaba el galeón aparcado, el trampolín astillado, la voz eléctrica. Una isla como proposición, como abandono sincronizado, como vuelta de tuerca, la permanente en el rizo. Se trataba sobre todo de propagar el eco de manera artificial, sin caverna, sin espacios cóncavos. Una isla hecha a base de miel y paleta, de pañuelo en la frente. Una isla con andamios y cimientos de papel albal. En el fondo, más que pedir se demandaba una isla, sin daños y perjuicios, una isla por caridad, por aburrimiento. Se construía una isla negando catedrales

MR. HELMANN

Llevaba gafas de cristal caro y montura barata. Se duchaba como la ducha del día de antes de enterrar a su padre. Sus besos venían por separado y se transformaban en tensión disecada. Episodios contradictorios como un determinado concierto de piano y el hecho de vestir una camisa verde. Inoportuno como un domingo por la noche. Sin recursos de pinturas acrílicas, sin botellas de zumo vacías. Sin matrícula ni camaleón, ella se hacía la dormida y en general no se mostraba interés por Mr. Helmann. La memoria, gratinando pensamientos abstractos, códigos de barras, esencias de plástico y regaderas de hojalata. Con la pregunta en la boca, desnuda, el equilibrio sobrante rehogaba en fondos de baúles, en visitas al dentista, en sonidos de tos de pecho. Por aquel entonces existía una necesidad de construir islas con playas de piedra negra. No llegaban noticias del norte ni cartas de Creta y ni siquiera ella y esa manera con la que dislocaba chicles de fresa ácida

Wednesday, 4 May 2011

No vista como el instante que pasa
sentida como el aire
para no ser atrapada
libre entre las estrellas para ver el mar
y sentirse viento
que como mañana de sábado
ayuda a repartir la luz de tu mirada
entre los verbos de lluvia
y el rocío de los nombres.
Y acuérdate, princesa de los instantes,
que mientras te sientas
en tu alma de taberna tranquila
a conversar contigo mismo
que nadie es de nadie
sólo de lo que se siente,
y del tiempo

Sunday, 1 May 2011

NEGACION DE VOLCAN

Ella que interrumpe el mar. Ella que tiene la voz de plastilina, de vez en cuando, denegando fluidez a su antojo. Sin un paisaje a carcajadas, de pensamiento escalonado, bostezando, permanecía, semi acostada, semi dormida, semi naufragio. Ella que tenía marzo en los ojos, cuando callaba. Como si negando la mano estuviera en realidad negando volcanes. Ella que nunca se deja, ella en la tapa del libro, en la mesa. Camina como despidiéndose. Salpica en la blusa. Ella que interrumpe el mar, por vez primera. Habla sin pedir permiso, sin esperar, sin calendario. Ella de golpes bajos y nuca precaria, piel de pared de papel chino, de insulto a medias y materia oscura. Ella hecha de átomos de rodaja de sandia. Ella que silba y que se olvida de andar, a medias. Ella que solloza tapándose la cara. Ella que te mira a través de sus dedos mojados. Ella que interrumpe el mar

Saturday, 30 April 2011

EL BALANCE DE ALICIA

El incendio ese que se suponía tenía que haber pasado, aquí, no en el cuarto de estar sino al filo de tu mejilla, y que mire usted donde las dan las toman, y el carro de la compra, yogures coleccionables, con el cuarto lote se regalaban suicidios desde balcones de plástico y arruga vertical. La decadencia era prorrogable, el tiempo se entregaba según convenios en cuartos trasteros. Sin máscara de hollín y sin zapatos nuevos y sin rozadura en el talón. El pulso en la sien, de vacaciones. Los amigos rotos, las manzanas descatalogadas, las cadenas de esparto. El muslo de la queja sin costumbre, el eje de la pregunta, allí donde residía el balance de Alicia. El delito radicaba en su sombra de ojos. Susurros embadurnados de pan rallado y harina. Esa tos como de renuncia y que tanto el diablo cargaba. Donde se intercambiaban balanzas por cencerros y donde pasaban cosas como estucados de tela de barniz, sobredosis de tristeza y un solo cable deshilachado. Todavía quedaban restos en la botella de ayer. Todavía el sudor y todavía la ausencia de alivio a la altura del pecho

BIELORRUSIA

Sus besos como nitrato esparcido. Bielorrusia y la manía de tirar piedras al río. Utilizar esa sonrisa descompuesta y la congestión de plátanos como analgésico. Entender la sincronía de sus gestos como un fraude. Apoyarse en el tabique acostumbrado, en la matanza del cerdo, en la cuestión morosa, el diafragma de las noches y los días, productos básicos, nitroglicerina. Bastaría con expulsar tanto sentimiento y laca para el pelo. Sopla el viento de costado cuando el punto de mira y esa forma con la que dice la palabra “tarrina”. Esa forma de emanciparse a medio camino entre tigres de Bengala y platos rotos, entre salidas internacionales y ferias bovinas. La garganta no llega hasta el beso. La boca y sus labios como recurso vacío, cartilla sin fondos de pelo teñido, de ausencia de carmín. La tempestad y sin embargo los valles y cuantos altares sin llanto. El devenir de aquella carcasa estropeada, los paseos por Mundine, la cuentas de la vieja, los orgasmos sonoros, césped recién cortado, mantequilla en llamas, pata de perro bloqueado

GIGANTES Y BARRAS DE LABIOS

Escritura de cemento solo rasgada por lágrima de mar disecada. El abrazo restringido y el deseo invertebrado. Ella es de seda y pupitre. Marion habla y su lengua es matriz de almíbar. Los porteadores deambulan a lo largo de un límite de segundos. Termostatos variables y maquinas de hacer pan sucumben al calendario sin asas, al preludio de café y botella de agua, a la trompeta monolítica, al caballero condecorado, a los pasos perdidos. Como si existiera un maná carcomido, se suman números centígrados atrapados en libreta de cuadros. Rondallas y gigantes y barras de labios. Nadie dijo que aquello marchitaría tan pronto. Los sonidos del puerto, las bases del templo, el futuro azucarado. Sin embargo un chasis y sin embargo ese sabor a óxido de prima lejana. El hecho de que no se quiera tender la ropa al sol es inversamente proporcional a la brisa despoblada. Mire usted señor conde, mire usted cuanta gangrena

Thursday, 28 April 2011

ESQUINA DE PUERRO

Llevaba la sonrisa metida por ventilación asistida. El afán de decir que no, el uso de las frases subordinadas, la natación sincronizada, el gesto vetusto, el charco de hojalata, la mazorca despeinada, el hueso pendenciero. Mañana y los cuadraditos de mortadela mientras Félix, el apuntador, se quejaba con trago pocero, con ademán substancial, el criollo y la guerra, la sombra de Neptuno, el soliloquio existencial, la curva de la pata de la mecedora, el tresillo de piel, lágrimas de orquídea, sabina milenaria, macizo inoportuno, acento en la a, subversión y vino tinto. Como si aquella mata de acebo no fuese suficiente. Como si esa especie de esclerosis de lenguado frito, de congestión de sonidos graves, de llave del agua, ascensor público, ella y su manera de reírse, particular como la lluvia fina. Se dejaban querer de cuando en cuando, gente de provincia y mano soldadora. A veces ocurría que no les parecía bastante, el duelo por el carnicero muerto, la piedra equivocada, la garganta sin espinas, el dilatar de la noche asustada, boquiabierta, vacilante, de lados convexos, de independencia por conquistar, de cosquilla fácil.

CARLA SIN DIENTES

Corteza de piel arrítmica, superficie de proyección de ser humano. Sonrisas de antemano que caducan después del primer hervor. Junto al aparato de radio, el respaldo de la butaca, las notas, do re mí, la sensación de melodía podrida y pensamiento turbio de cría de cabra. Todo lo que pasa dentro del abrigo rojo de la señora sentada en la mesa número 3 de la terraza del café bar El Sol. Plátanos maduros y el señor Frumento que justamente ahora camina con paso firme por la tarima metálica. Arista de cartón de huevos y alambre de tono de risa. Labios sin pintar, diente de nitrógeno líquido, beso desacompasado, a destiempo , como tantas veces Manuel, como Pablo y su sombrero de fieltro, las caricias prestadas, los barquitos de papel a vapor, el ingreso en la metalurgia y esa imitación de bostezo que emana de la boca de Carla

ROCE DE CODO

Cartílago de fresa, renuncia a medias. Como si de un encontronazo de arena se tratase. Un empujón de espuma que se desvanece al rozar con el codo de Marga y esa semi-sonrisa de fractura artificial. Una arruga en la yema del dedo. Como si el acero estuviera podrido por dentro. En su gesto, un frenazo. Sus cabellos en desaliño, el desguace entre sus senos, la saliva en la boca, hirviendo. El percance que claudica cuando la sílaba se justifica y las pecas del brazo en retirada se anuncian. La señora del tercero anuncia lloviznas. Justo y su cuñado en la moto, de viaje, chaquetas sin cremallera, el asfalto y la hoguera. El sentimiento de suburbio y paso cambiado, macera. El timbre y la cal, sopa sin pan, marisma irregular, piedra pómez, instante de clavícula, bocetos de novias, espárrago impar.

EL MUEBLE COMO ANDAMIO

Sabor a tesoro y mentira. Conato de directrices torcidas, al borde del extrarradio no de la ciudad sino de una embestida. Se trata de un océano mal entendido. Presunción de amago de mar. Ola caliente de boca de seno. Esteban que llega a casa y se sienta en el mueble como estructura. El mueble como andamio hecho a base de respaldos. La vejez merodea como turista emboscado detrás de una dirección incorrecta. Se come comida inundada. Se respira como si el aire fuese de fogueo. Como si el vecino y aquel pobre consejero y la marca del vaso en la barra. Sopas Julianas y macarrones con queso. Junto al precipicio, sin postre y sin monedas. El viento y un pueblo llamado Harlow. Frambuesas y grano de avena. Espigas que dejan marca. Cicatrices de natilla de sobre. Inventario de tornillos sueltos. Tempestades de segunda mano y cuerda vocal rota.

LA PERRA Y LA GINEBRA

Como salchichas de pollo. Como hormigas sentadas, de piernas cruzadas. Como la tinta china y como el sobre que entrego, la perra y la verdad, la sobredosis de angina de pecho. Distante queda en la memoria la gota que agito, el suenyo al que no llego. Estrecho de los Dardanelos, escalera cronica, peldanyo repetitivo, magdalena atonita, cable de trigo, persistencia de palabras. Como si a alguien, en algun sitio, le diera un calambre entre las pastas y el primer plato. Antojo de barco en camisa de rayas. Supersticion de ginebra, palabra en llamas, cara sin cejas.

Monday, 8 September 2008

ÉPICA DESAFINADA 9


Brillante y gélida oscuridad,
escrementos de épica metafísica,
la memoria en mis manos

Saturday, 6 September 2008

ÉPICA DESAFINADA 33



Embaladme la Luna

me la llevo en el maletero

hoy rebrota la música

y quiero luz para verlo



Dentro y fuera de mi

no se donde esta el enemigo,

dentro y fuera de mi

la lucha es infinita

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